lunes, 11 de agosto de 2008

Reseña: La Dama: Titayú, una mujer Íbera, de Ana Tortajada (MAEVA)


La Dama es una de esas novelas que hacen que te intereses por conocer más sobre aquello que la autora te está explicando. En esta ocasión Ana Tortajada nos traslada a la época de los Íberos, pueblo sobre el que conocemos muy pocas cosas, si lo comparamos con otras culturas, como la griega, la romana, la egipcia, mucho más llamativas a nuestros ojos. En los libros de texto del colegio, al menos cuándo yo estudiaba, se pasaba por la cultura íbera nombrando apenas cuatro datos.


No es de extrañar, pues, que una vez en la edad adulta, no me haya preocupado, hasta el momento, por conocer más sobre aquéllas gentes de las que descendemos y que nos dejaron un rico legado cultural, cuya obra más relevante es La Dama de Elche, que ha inspirado a la autora para obsequiarnos con esta magnífica novela.


¿Qué se esconde detrás de la enigmática sonrisa de la Gioconda? Es una pregunta que durante siglos ha alimentado la imaginación de multitud de personas, sin embargo, apenas nadie se ha preguntado ¿Qué se esconde detrás del sereno rostro de La Dama de Elche? Muy poco sabemos sobre esta excepcional obra de arte. ¿Quién fue? Una divinidad, un miembro de las clases pudientes, una sacerdotisa.


Ana Tortajada nos ofrece la respuesta sacándola de la piedra y dotándola de humanidad. Presentándonosla como una mujer con una vida real, con inquietudes, miedos y anhelos. Nos muestra además la cotidianeidad de los que pudieron vivir con ella, los artesanos, la estructura de la familia, la oligarquía, la religión, el ejército. Pero no sólo consigue explicarnos una época de la que apenas hemos oído hablar, sino que además consigue que la percibamos como propia, porque dota a sus personajes de un realismo muy cercano que hace que el lector se sienta identificado con ellos.


La novela, a la vez que se sitúa en un marco histórico complejo, en el que los cambios en la distribución del poder y del orden social establecido están más que presentes, nos explica la pequeña historia de los pueblos, del día a día de sus gentes, de sus preocupaciones cotidianas y eso es lo que nos hace entrar de lleno en el relato, porque se trata de las mismas preocupaciones que cualquiera de nosotros podría tener hoy en día.


Así descubrimos una cultura matriarcal, en la que las mujeres eran consideradas las depositarias en la tierra de todos los dones de la Diosa. La maternidad, lejos de ser una carga para la mujer, como ha sucedido en épocas posteriores, se consideraba como el reflejo del amor de la Diosa, la capacidad de crear vida era la prueba palpable de que la mujer era partícipe de la sabiduría de la Diosa, que había creado el mundo y que manifestaba su poder propiciando las cosechas, enviando la lluvia y llevándose al mundo subterráneo a aquéllos que ya habían agotado su paso por la vida.

Era pues una cultura basada en los ciclos de la luna, una cultura agrícola y no belicosa, en la que las mujeres eran consideradas las cabeza de familia, transmitiendo su sabiduría a sus hijas.

Mujeres que dominaban la clase religiosa y el gobierno, que eran emprendedoras y tomaban decisiones que afectaban a su familia. Mujeres cultas que disfrutaban de su sexualidad como un don de la Diosa y que celebraban el placer en sus cuerpos.


Ana Tortajada nos habla en su novela de la destrucción de esta forma de vida, que poco a poco fue sustituida por los modelos patriarcales, que recluyen a la mujer en el ámbito doméstico desposeyéndola de cualquier atisbo de autonomía. Modelos que, por desgracia, se han mantenido hasta nuestros días.


Se convierte la novela en un alegato a favor de la paz, de las formas de vida encaminadas a construir, a gozar y en contra de la imposición instaurada por las armas. Es por todo ello, que pese a desarrollarse en una época remota, el debate que plantea este libro es totalmente actual, ya que nos habla de principios totalmente universales y atemporales.


He sentido una cierta dualidad al leer La Dama, por un lado, estoy profundamente agradecida a Ana Tortajada por adentrarme en un mundo totalmente desconocido para mi, pero por otro lado, siento cierta lástima al pensar lo que podría haber sido y no fue, es decir, ¿Cómo sería nuestro mundo hoy en día si no hubiésemos aniquilado el matriarcado? Como mujer, es una pregunta que me planteo y que me hace ver de nuevo como la historia de la humanidad no se desarrolla de forma lineal, sino que el ser humano va dando pasos hacia delante para volver hacia atrás en determinados momentos. Cómo aquello que parece adquirido es sustituido y no siempre para mejor.


Finalmente me gustaría hacer una pequeña reflexión que me viene a la cabeza y es el hecho de comprobar, una vez más, la conexión que el arte establece entre los seres humanos.


La Dama de Elche, esa enigmática mujer que hace siglos alguien inmortalizó en piedra, ha sido la inspiradora para que hoy yo haya tenido entre mis manos un libro que me ha producido un gran placer. No deja de sorprenderme el hecho de estar en comunicación con lo que pudo sentir una persona que existió muchísimo antes de que yo pisara este mundo y que, esa misma persona, haya inspirado a otra en su propio proceso de creación. Son eslabones de una cadena que no rompen los siglos transcurridos entre la vida de ambos. Sorprendente ¿no?

Elena Polanco Durán